Sentí el timbre pero no le presté atención. Pensé que serían mamá y Jessica que volvían de hacer las compras. Pero las voces que escuché eran masculinas. Una de un hombre adulto y otra de un adolescente.
Abrí los ojos y me fijé la hora. Ya eran las seis y media de la tarde. Taylor ya se había ido (y había dejado toda la ropa sobre su cama) y Zac tampoco estaba. Me incorporé y fui a ver quién había llegado.
--¡Ike!-- exclamó papá, cuando aparecí en la sala.
Al lado suyo estaba Zac y frente a él estaban un hombre y un chico.
--Frank, Clint, este es mi hijo mayor, Isaac. Ike, ellos son Frank y Clint Moffatt.
--¿Moffatt?-- pregunté--¿Por qué me suena?
Miré bien al chico y recordé.
--¡Ah! Los Moffatts-- exclamé--. Pero, ¿no eran cuatro?
Frank sonrió.
--Los otros tres se quedaron descansando en el hotel--contestó.
Los saludé dándoles la mano y me senté junto a Zac en el sillón.
Escuchando la conversación, me percaté de que papá y Frank eran buenos amigos. Se habían conocido en la secundaria y luego Frank se había mudado a Canadá. También me enteré de que los Moffatts solían ser una banda de country y que hacía unos años se habían pasado al rock. Una vez había escuchado una canción de ellos, "Wild at heart". Me gustó.
--¿Por qué no dan una vuelta con Clint, le muestran los alrededores?--sugirió papá.
Veinte minutos más tarde, Clint y yo estábamos paseando por la feria artesanal de la plaza central. Zac se había quedado en casa con Erin.
--¿Dónde se están hospedando?--pregunté.
--En el Blue Rose Hotel--respondió--¿Y ustedes ahora viven acá?
--No, sólo alquilamos esa casa cuando viene toda la familia. Si no, nosotros también nos hospedamos en el Blue Rose.
--Ah, ¿vos, Taylor, Zac y tu papá?
--Y Erin--agregué--. Ella es como parte de la banda.
Seguimos caminando y nos detuvimos frente a un puesto de pinturas. Había un hombre retratando a los turistas que posaban para él y les cobraba diez dólares el retrato.
--Me gustaría que me retratara--comentó Clint.
--Va a tener que hacerlo otro día porque ya es hora de volver-- dije, mirando el reloj.
Clint asintió con la cabeza.
Mientras regresábamos en el auto, lo observé de reojo. No le dije nada, pero parecía que le pasaba algo. Miraba a través de la ventanilla como si todo el paisaje que pasaba no fuera a regresar jamás.
"Este es un chico muy solitario", me dije.